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las penas son de nosotros

Durante los últimos meses estamos asistiendo a un mar de palabras que sólo han aportado confusión y desconcierto, por eso consideramos que antes de empezar a hablar es fundamental comprender sobre qué estamos hablando.

En principio… ¿qué son las retenciones?. Se trata de un recurso que utiliza el Estado para equilibrar la proporción de la renta adicional que obtiene el productor por la diferencia entre el costo local (pesos) y el precio internacional (dólares) de los productos.

¿Pero por qué hablamos de renta adicional?. Para expresarlo de forma más clara podríamos decir que se lo llama beneficio adicional o extraordinario, porque se sostiene sobre causas externas en las que no participa el productor, por ejemplo, los elevados precios internacionales por un lado y por el otro con el gasto fiscal que hace el Estado (con el dinero de todos) para sostener un dólar alto y brindando subsidios para abaratar los costos internos.

Ya aclaramos que las retenciones no impactan sobre el lucro o beneficio empresario, pero ¿qué es el lucro o beneficio empresario? Es la ganancia generada a partir de la planificación, la inversión y el esfuerzo del productor. Por este ingreso que tiene relación directa con la capacidad de trabajo, las provincias reciben el dinero recaudado por el impuesto a las ganancias. Como las retenciones se corresponden con las exportaciones, son administradas por el Gobierno Federal, porque la Constitución establece que el Tesoro Nacional se compone de los derechos de la exportación.

Pero el federalismo es otra de las palabras que se viene escuchando y que también ha sido distorsionada. Porque no es federalismo que cada una de las localidades se quede con el beneficio económico de lo que produce. Esa precísamente fue la base del sistema unitario que beneficiaba sólamente a las provincias ricas mientras las pobres resultaban cada vez más sumergidas. Se trata de distribuír las riquezas de forma solidaria para que aquellas zonas menos favorecidas puedan recibir el aporte de las tierras que la naturaleza (y no el hombre) ha dotado con más generosidad.

¿Por qué no nos ponemos de acuerdo?

Porque sólo una parte es la que cede mientras la otra permanece intransigente. Más allá de no aceptar algo básico como el hecho de que a mayor ingreso, mayor es el impuesto a pagar; o no comprender algo lógico como que si el precio de venta al exterior es 300% superior al precio interno, tampoco debería resultar extraño que el monto de la retención se corresponda con ese precio internacional (que aporta la ganancia adicional) y no sobre los valores internos.

Cuando es claro que en los últimos años, a pesar de incrementarse la superficie de siembra, escasean los alimentos, porque lo que se produce que no es lo que consumimos, y entonces la comida aumenta sin límites, no debería oponerse nadie con sentido común (e instinto natural de supervivencia) a que se trate de corregir este desequilibrio que condena al hambre a los más pobres.

Sin embargo lo que el campo reclama claramente es que el Estado no recaude más en donde existen mayores niveles de ganancia y al mismo tiempo propone que subsidie (ellos con eufemismo lo llaman “trato diferencial”) a aquellos sectores agropecuarios que se reducen porque el margen de la ganancia (entiéndase que no hablamos de pérdida) es inferior comparada con la rentabilidad de la soja. La pregunta es ¿con qué subsidiamos si no quieren que se recaude?. ¿O en realidad quieren un Estado socio en las pérdidas y excluído de las ganancias?

La realidad es que frente a un Gobierno que ofrece un dólar alto que se sostiene con el esfuerzo de todos, los subsidios a los servicios públicos, al combustible y a los fletes, las rebajas impositivas, las facilidades crediticias, la pesificación de las deudas contraídas en dólares, los reintegros a los pequeños productores, etc., etc.,… dando muestras concretas de estar dispuesto a reconocer y corregir errores, el campo quiere más… el campo quiere TODO.

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4 comentarios

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  3. No defiendan lo indefendible

  4. no aflojemos defendamosno de la oligarquia

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