vamos al grano

Luego de estos últimos años, donde se han incorporado al mercado miles de trabajadores, sumado al crecimiento del poder adquisitivo de amplios sectores sociales, han llevado al límite la capacidad productiva, siendo hoy insuficiente para abastecer el mercado interno, mucho más cuando la exportación de esos productos se ve favorecida por un tipo de cambio muy alto respecto de nuestro peso.
Si uno quisiera rastrear el orígen de esta realidad que impacta sobre el conjunto social argentino, podrá encontrar rápidamente que uno de los factores fundamentales en este sentido es la decisión tomada por el campo de privilegiar el cultivo de soja, favorecidos por el precio que ofrece el mercado internacional, aprovechando que se trata de un producto que puede exportarse practicamente en su totalidad y esto ha derivado en un marcado detrimento de otros productos de consumo interno.
Uno podría decir que se trata de una medida lógica adoptada por el campo, que define su estrategia económica en funcion de aprovechar una coyuntura económica favorable, pero cuando se trata de una medida que impacta sobre el conjunto, no importa tanto la lógica económica como la justicia. Y no hay justicia sin equidad.
Sin dudas la decena de miles de productores tienen derecho a producir de acuerdo a lo que estiman conveniente para su economía personal, sin embargo, valen más los derechos de 40 millones de argentinos que necesitan adquirir sus productos de primera necesidad a un precio acorde con la modalidad de cobro de sus haberes.
En este sentido , y es algo en lo que muy pocos reparan, la misma decisión tomada por el gobierno de elevar las retenciones a la soja determinaban la baja en los aranceles para otros productos, de manera de fomentar o incentivar esa diversidad que, en un plan intergral a mediano plazo, tal como se ha planteado oportunamente, permita superar definitivamente el permanente incremento del costo de vida, producto de una demanda que supera la oferta, en un rubro -como al agrícola-ganadero-, que por las características productivas nacionales, no debería estar sucediendo.
El Gobierno es el órgano que elegimos entre todo para que, a través del Estado se ubique por encima del conjunto social y equilibre, a través de sus acciones, las fuerzas de los que más tienen -que son los menos-, con la de los que menos tienen -que son los mas- y en este sentido, el mismo Estado que asume como su política el sostenimiento de un dólar elevado que beneficia de manera unilateral a quienes exportan (unilateral porque implica tener que subsidiar a vastos sectores de la economía nacional para que los productos internos puedan seguir comprándose en valores inferiores a la moneda extranjera), es el mismo Estado que está habilitado -por no decir obligado-, a ejercer maniobras correctivas que incentiven a una variedad en la producción que equilibre los precios internos.
Hay miles de empresarios del campo que quieren producir para un mercado externo que paga sus productos $3,20 por dólar o $5,00 por euro, pero millones de argentinos necesitamos que se produzca más trigo, maíz, leche y carne para que la inflación no licúe los ingresos de los que menos tienen a partir de un incesante incremento del costo de vida. Esto es imperdonable en un país que fundamentalmente es productor de alimentos, y es el Estado quien debe corregir estas maniobras injustas.
Posdata: El paro como medida de fuerza es el abandono de una actividad como manera de protesta, pero no permitir el libre tránsito de productos que son alimenticios pero que no son agrícolas sino que tienen un proceso industrial que implican un valor agregado del que ellos ya no han participado, excede de manera absoluta la medida original y la transforma en excesiva e injusta. Mucho más cuando en los campos se avanza en las tareas programadas mientras se impide el trabajo de los demás. A esta altura de las circuntancias presenciamos permanentemente en los medios de comunicación que los sectores del campo en vez de hacer paro ellos, obligan al paro a los demas sectores productivos nacionales y lo peor de todo, frente a la impotencia de no obtener los resultados previstos, recurren a la violencia para llevar a cabo el cometido porque los clavos y las rastras utilizadas, son elementos intimidatorios y violentos.
ver mas en http://compromisociudadano.wordpress.com/2008/03/15/la-carne-en-el-asador/
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