solitarios y solidarios

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La inestabilidad, que implica actitudes incoherentes, lleva a la sociedad a un constante y pernicioso mal ejemplo. El oportunismo de muchos no siempre tiene base ética, porque el aprovechar, para ellos se justifica por sí sólo en función del resultado.

La confusión de algunos es que todo vale si se puede hacer, en la medida que el beneficio se pueda ocultar en el propio bolsillo.

Se podría sostener que un hombre público no debe ser un desconocido. Pero las actitudes de los hombres comunes son a veces desconcertantes, porque estúpidamenbte perjudican a su entorno inmediato, aunque ellos no lo perciban a corto plazo. Cada acto negativo que hacemos automáticamente baja el promedio ambiental.

El vivo es un mago tramposo que puede engañar a un público convocado, pero que de ninguna manera cambia la realidad, sino que la disfraza para confundir.
Cosechar sin sembrar es una contradicción que no puede perdurar por mucho tiempo. De la misma manera, pedir la solidaridad amistosa, que el peticionante nunca ha brindado es un postulado capcioso. La falta de participación de aquellos que reclaman el apoyo ajeno, se nota en sus propios que haceres.
Nos afecta sentir el propio dolor ¿pero estamos preparados para percibir el ajeno?. El ausentismo egoísta vulnera la solidaridad y nos convierte en solitarios en un mundo sobresaturado de gente aislada por su comportamiento. Somos así injustos autistas.

El «no es mi problema» se ha convertido en el problema de todos. Soslayar los fraudes es una falsa manera de no recargarnos con temas que consideramos ajenos y es así que ha ido bajando el índice ético en una población que se ha multiplicado mucho en las últimas generaciones.

Pero la solución pasa también cerca nuestro, en la medida que aprendamos a ser jueces imparciales de los actos ajenos y fiscales justos en nuestros actos y no ceder frente al compromiso de buscar la verdad e iluminar el entorno de cada situación.

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