la argentina criticona y especulativa

Se suele decir por ahí: «de tal palo tal astilla», y la verdad es que uno termina por ser, en definitiva, aquello para lo que fue formado.

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Hubo un país donde la crítica hueca y constante era «el discurso». Hubo un país donde especular con la caída del otro era la norma para crecer. Hubo un país que se desmoronó por esa falta de ideas, de compromiso, de solidaridad.

Hay dirigentes que, formados en esa escuela que nos dejó vacíos a los argentinos, continúan llevándola adelante inconscientes de su condena al fracaso seguro.

El péndulo de la conveniencia sólo nos quiere llevar atrás en el tiempo y ese pasado ya lo conocemos.

Escuchar hablar sólo de proyectos a quienes ejercen una cuota importante del poder y no generan realidades que modifiquen aquello que se pasan criticando, es un llamado de atención sobre un discurso que se agota en sí mismo y no viene cargado de realizaciones.

Ser candidato a cualquier cosa no habla de fortalezas, sino de una condición nata de especulación y falta de ética política.

Asumir un verdadero compromiso con la política (con la gestión que mejore la vida de los vecinos), demanda de sus dirigentes más respeto y de sus ciudadanos más memoria y su merecida sanción electoral.

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